martes, 25 de junio de 2013

Realidad y deseo



¿Alcanzará fuerza política en Miami la tendencia más realista y pragmática dentro del anticastrismo? Ante la afirmación otras veces formulada de que el reloj cubano tiene dos manecillas, una en La Habana y la otra en Miami, cabe cuestionarse si ambas continuarán empecinadas en el mismo recorrido: el avance en reversa, con una tenacidad que amarga al más optimista.
Durante muchos años parece haberse impuesto en ambas orillas un acuerdo tácito en este retroceso, como si existiera una conspiración de los extremos, que ha impuesto la marcha más conveniente a sus intereses. El poder absoluto de volver una y otra vez a remendar un modelo caduco, y seguir retrocediendo. En la Calle Ocho y en la Plaza de la Revolución igual empeño: mantenerse en una lucha estéril, sin ceder un ápice. En lo personal, el éxito ha acompañado a quienes no se apartan de esa vieja senda. Inmovilidad en la cúpula gobernante cubana, influencia única del sector más recalcitrante del exilio en la política norteamericana hacia la isla.
El problema fundamental es un logro indiscutible. Tanto en Miami como en La Habana, a la hora de utilizar los factores que podrían determinar un nuevo curso de acción, se los ha logrado someter a un control que deja fuera de las decisiones a millones de cubanos, en ambos extremos del estrecho de la Florida.
No hay ejemplo mejor que el factor económico, para ilustrar como el dinero ha servido —y sirve— a los objetivos de dos grupos reducidos, antagonistas declarados desde un principio, pero que comparten el interés en mantener un statu quo.
En Estados Unidos, millones de dólares a través de las contribuciones de campaña, labores de cabildeo y mantenimiento de organizaciones exiliadas y opositoras, que actúan en favor del mantenimiento del embargo, una política de supuesta confrontación que se destaca sólo por su falta de resultados y estrategia de aislar a Cuba que no rinde frutos.
En Cuba, millones de dólares también, que llegan en forma de remesas, llamadas telefónicas y visitas, y contribuyen no solo al alivio de la situación de familiares, sino al mantenimiento de una precaria economía nacional.
Fondos que influyen de forma determinante en la elaboración de una estrategia, y cifras aún mayores, que se limitan al ámbito doméstico. Un dinero que funciona políticamente y otro nulo en igual sentido.
Cambiar esta ecuación parece imposible. Y mientras no se logre, ni La Habana, ni Miami, ni Washington arriesgarán una pulgada que los acerque a una situación desconocida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto es cierto debido a que el mantenimiento de esas posiciones le permite a los pequeños grupos que controlan el poder a ambos lados del Estrecho de la Florida mantenerse en el mismo y gozar de privilegios.

En Cuba viven parasitariamente de la riqueza creada por el pueblo y en la Florida de las subvenciones que brinda el fisco norteamericano para subvertir al gobierno Cubano.

La mantención de la lucha contra la otra parte es lo que mantiene y justifica a ambos grupos en el poder.

El dia que se acabe la bronca los votantes pondrian a ambos grupos de paticas en la calle.

Y hay una alianza entre ambos grupos por debajo de la mesa para mantenerla andando. Se dan cranque mutuamente para continuar una situación que les conviene a ambos.

Es lo que en teoría de juegos se conoce como un juego donde el resultado no suma zero, donde lo que gana una parte no es lo mismo que pierde la restante y ambas se ponen de acuerdo para lograr un resultado mutuamente ventajoso.

Ambas partes se odian, se critican, se piden la cabeza pero secretamente colaboran para continuar en el relajito per secula seculorum.

Es el cuento de la buena pipa, una situación invariable que se mantiene en pie porque los beneficia a ambos, un descaro, una hipocrecia, un sainete que resultaria risible si no fuese por el hecho que perjudica a la existencia de todo un pueblo!

Equinongo