jueves, 15 de noviembre de 2012

Disidencia roja



Al autor de una columna aparecida en la edición del jueves de El Nuevo Herald le llama la atención una carta de Ernesto Che Guevara, donde el guerrillero expresa: “En este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos  soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir”.
Alfredo Felipe Fuentes llega a titular su artículo: El che Guevara, un “disidente” incómodo.
Bueno, lo que está detrás de estos comentarios del Che Guevara ⎯aparecidos en esa carta y en documentos más que conocidos como El hombre y el socialismo en Cuba⎯ es la existencia de tendencias ideológicas en algunos miembros de los centros de poder en Cuba. Nunca llegaron a concretarse en movimientos y tampoco alcanzaron una definición que las hubiera convertido en contestatarias dentro del país. Efectivamente, Guevara fue quien avanzó más en el terreno, pero a título personal. Lo primero es aclarar que aquí no estamos frente a la dicotomía totalitarismo-democracia, y cualquier referencia al concepto disidente, tal como se maneja hoy en Cuba, queda fuera de lugar. Tampoco aporta mucho al debate esta visión a la dicotomía libertad-dictadura. En realidad, la crítica de Guevara a la burocracia y al aparato partidista soviético solo formaba parte de su acercamiento al maoísmo. Así que simplemente se trataba de un sacarnos de Guatemala para meternos en Guatepeor. A su vez, su intercambio con Armando Hart se encuadra dentro de la pálida simpatía demostrada por este último hacia el trotskismo. El Che Guevara, por su parte, era un estalinista declarado. Poco hay de meritorio aquí. Las referencias a un Che Guevara opuesto a Castro en lo ideológico no pueden ser tratadas sin incluir un choque de egos y un pobre dominio de la táctica y la estrategia por parte del argentino, además de la contradicción en su carácter que lo llevaba de un estoicismo probado a un vedetismo político. A Guevara solo le cabe el destino de la alegre camiseta en todas partes del mundo y el mausoleo vacuo en Cuba.